
Dormía feliz porque rondabas todas las noches por mi mente. Sé que te encantaba saber cuán fatigado estabas cuando esto pasaba por mis sueños. A veces, no sé si tenías algún poder mágico para sólo pedirme que te pensara y te soñara esa noche, pero siempre lograbas tu cometido. Aunque yo corriera todo el día en tu mente, no podías soñarme. O no querías soñarme.
Han pasado los meses, los sueños se han desvanecido. Duermo mejor, descanso, la felicidad sigue en mí ya la tristeza se la han llevado aquellos sueños locos. Imagino que ya no tengo fatiga de tanto correr en el día por tu mente. Aquí, aunque ya no estás en sueños, de ves en cuando mi mente pregunta ¿cómo estarás? Pero ya no te fatigas como antes. Ya estarás mejor de salud ahora que ni en sueños ni en pensamientos estás. Gracias por los lindos días, recojo mis historias y me las llevo a otra parte.







